dimanche 7 décembre 2008

La movilización indígena en Colombia: oportunidad de país

(Reconstrucción desde el diálogo)
Articulo publicado en El Tiempo

La movilización indígena, que lideran las comunidades Nasa del departamento del Cauca, es el clásico espejo ahumado que refleja la silueta de un rostro apenas insinuado y es, justamente, este rostro multiforme y su voz plural lo que conforman el verdadero Eldorado de Colombia.
La mayoría de las pancartas de la marcha de la Minga Nacional reiteran un nombre: Autonomía. La simplista interpretación dada por el Gobierno Nacional ha demostrado, una vez más, su falta de imaginación e intolerancia.

Muchos colombianos se preguntan si es funcional tanta autonomía en los territorios ancestrales y, ante tal incredulidad, les respondo que alrededor de esta solicitud está la posibilidad de crear, por fin, una Nación de naciones.

Para aquellas personas acostumbradas a tener como principal alimento del saber los referentes europeos, les indicamos que este pulso social que adelantan las comunidades indígenas puede entenderse mejor, guardadas sus proporciones, en la perspectiva de las luchas autonómicas de regiones como Cataluña y País Vasco en España o de la zona Alsacia-Mosela en Francia.
Es prácticamente imposible sostener un país desde una línea administrativa monolítica y estandarizada. Los últimos sucesos internacionales (Elección de un Presidente Afroamericano en Estados Unidos o la construcción de una nueva Belgitud entre Flamencos y Valones) así lo demuestran.

Nuestro problema como país ha sido no construir la democracia a partir de las diferencias. Desde 1810 estamos en estas: generación de violencia a partir del choque entre una fuerza centralista uniformadora y la resistencia a la negación por parte de la población mayoritaria, que reclama sus matices...hemos vivido un tránsito de la colonia a la república sin recorrer los senderos transversales del corazón.

Luego de andar un tortuoso camino, de casi 200 años, con mucho dolor desatendido y burlado, hoy se presenta una nueva oportunidad histórica simbolizada en las movilizaciones indígenas; pero esta tiende a malograrse dado el tipo de diálogo planteado por el Gobierno Nacional en el cual supone un "antagonismo peligroso", en donde se presenta el poder del Estado como incontestable organizando soluciones desde su unilateralidad.

El artículo 30 de la Declaración Universal sobre los Derechos Indígenas, ONU (2007), que dice: "No se desarrollarán actividades militares en las tierras o territorios de los pueblos indígenas a menos que lo justifique una razón de interés público pertinente o que se haya acordado libremente con los pueblos indígenas interesados o que éstos lo hayan solicitado", debe entenderse como una nueva puerta en la que el país entraría a un justo proceso autonómico con acuerdos de reciprocidad previos y funcionales entre las regiones y la Nación. En tal sentido nuestros resguardos no serían objetos de megaproyectos económicos impulsados por el "ritmo competitivo" del TLC, sino sujetos a la corriente de crecimiento de los planes de vida, que descansa en otro concepto de desarrollo: madre tierra-espiritualidad-comunidad.

Es este el momento de convertir un problema de falta de consenso en las diferencias en una oportunidad de convivencia pacífica en el disenso. Es este un momento de avanzar en el propósito de construir hacia el diseño de una nación respetuosa en su heterogeneidad.
La movilización indígena es la movilización para re-encontrar a Colombia. El sociólogo Fals Borda señalaba que la búsqueda de nuestra esencia nos plantea un viaje más allá de 1492 y re-descubrir los caminos, de más de 15.000 años, que nos conducen a casa.
"La Libertad está en el orden de la posibilidad", decía Estanislao Zuleta, he aquí lo posible: la libertad de profundizar nuestra democracia, aún muy superficial.
Es la hora del desnudamiento, la Minga ya la ha iniciado.


Miguelángel López-Hernández (Vito Apüshana)

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